He vuelto a ponerme enferma: dolor de cabeza, garganta enrojecida, picor (en la garganta, se entiende) y tos.
Es psicosomático, hay algo que no trago. Lo mismo que me pasó con Jorge, sufrí de dolor de garganta dos largos inviernos.
Pasaron tres semanas tranquilas, buenas. Esas semanas en las que sabes con seguridad que no vas a morir; la tensión arterial desciende brutalmente con la tristeza.
Empecé a temerme un embarazo. Imagínate: un embarazo en navidad.
Una amiga me echó las cartas, veía sufrimiento en él, otra persona y que yo tengo una estrella.
Y llamó. En ese preciso momento en que una está apunto de dormirse viendo la tele y se le pasa por la cabeza que es la hora en la que él solía llamar. (Por eso, porque solía llamar tarde, he dejado de tomar pastillas para dormir, para que no me pescase blanda y con la lengua suelta: ahora ya no se hacen reproches, ya no estamos jugando) .
22 de diciembre. Para desearme feliz navidad (¿y feliz resto de su vida sin mi?). Igualmente, le dije.
Así empezó el cosquilleo en la garganta.
El 24 me sorprendí a mi misma: me levanté con ganas de volver a jugar: le puse un mail. Sonreía pensando en su sorpresa; nunca le escribo, nunca le llamaba.
Le adjuntaba la escena final de "El apartamento" de Billy Wilder, donde ella está en la fiesta de fin de año con el cañalla de su jefe, de pronto, sale corriendo a ver a Jack Lemon, que está solo en su apartamento, le abre la puerta y ella se sienta en el sofa y como si tal cosa se pone a jugar a las cartas, el se sienta a su lado y le dice "I absolutely adore you".
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